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Weber, Strauss y Rachmaninoff en la Temporada Sinfónica 2018

 

SANTO DOMINGO. La Temporada Sinfónica 2018 continúa con una exquisita presentación en compañía de la Orquesta Sinfónica Nacional, dirigida por el maestro José Antonio Molina. Este miércoles 17de octubre la Orquesta nos ofrece un atractivo concierto. El solista invitado será uno de los músicos favoritos y más queridos de la Orquesta Sinfónica Nacional; un músico completo y exquisito. Un serbio que llegó a Santo Domingo hace un montón de años, con familia incluida y hoy es más dominicano que cualquiera. Me refiero a Dejan Kulenovic, conocido también como Chichí, principal oboe de la Orquesta.

Director invitado

La batuta la tendrá Jaime Morales, oriundo de Puerto Rico, director invitado en esta y en anteriores temporadas, que tiene una larga y excelente carrera como director y como trombonista.

Por las bocinas del Teatro se anuncia que faltan cinco minutos para comenzar el concierto, es tiempo de sentarnos en nuestras butacas. Tomemos en cuenta que no debemos entrar cuando la orquesta haya iniciado; la acción molesta a los que estamos escuchando y distrae a los músicos. Para entrar debemos esperar atrás, hasta el intermedio.

La presentación abre con la bellísima obertura de la ópera del compositor alemán Carl Maria von Weber, El Cazador Furtivo–Der Freischütz–. La obertura como pieza del concierto es inmensamente popular. La música de Weber es alegre y cálida, indudablemente, se vio superada por los maestros a los que inspiró, Wagner entre ellos.

Weber, el gran alemán

Weber es clave en la evolución de la música dramática alemana, y allanó así el camino para la aparición de la propuesta de Richard Wagner, treinta años más tarde.

El Cazador Furtivo se inspira en una historia muy antigua de la Europa Central. Se basa en el personaje del “Freischütz”, un cazador que hace un pacto con el diablo para obtener flechas que jamás fallan el blanco, aunque este sea el diablo mismo. A la leyenda, Weber agregó ingredientes románticos: el cazador está enamorado y en su lucha por ganar el amor de su enamorada, acude al maligno para que la chica vea en su persona al cazador más hábil de toda la región. Concluida la obertura, nuestro Dejan será el solista del concierto para Oboe y Pequeña Orquesta en Re Mayor del compositor alemán Richard Strauss (1864-1949). Strauss ocupa un lugar relevante en la historia musical de nuestro tiempo, representa las postreras ramificaciones del romanticismo.

Strauss, siempre reconocido en su larga vida, desempeñó puestos de relevancia en su larga carrera, entre otros fue sucesivamente director de la Ópera de Munich y de la de Berlín (1898-1919); codirector de la ópera de Viena (1919-1924). Como director de orquesta triunfó en las grandes capitales del mundo. Pasó sus últimos años en Garmisch, Alemania, donde murió. La obra de Strauss es enorme, sinfonías, poemas sinfónicos, entre ellos, Don Juan y Don Quijote, suites, serenatas, conciertos, óperas, ballets, obras corales y unas 200 canciones.

El concierto para oboe y pequeña orquesta (la orquesta reducida) es una obra de gran belleza y serenidad que por mucho que se indague en ella poco refleja las difíciles circunstancias en que fue concebida. Pienso que lo que mejor puede describir la intención del compositor, es una cita suya inmediatamente posterior a la Primera Guerra Mundial: “De mí siempre esperan grandes ideas, grandes cosas, pero no puedo soportar la tragedia de este tiempo. Quiero repartir alegría. Lo necesito”.

El concierto, escrito entre 1945 y 1946, data de las etapas finales de la carrera del compositor y de la Segunda Guerra Mundial. Está considerado como una de las mejores obras jamás compuestas para oboe.

Strauss lo escribió a sugerencia de John De Lancie, un soldado americano y oboísta profesional que estuvo acuartelado en Garmisch al final de la guerra.

Es una obra que requiere una gran resistencia física del solista, con largas frases sin respiraciones que en ocasiones hacen pensar más en un concierto para violín que para un instrumento de viento. De Strauss estoy segura que todos hemos escuchado. Así habló Zaratustra, que Stanley Kubrik utilizó en su película 2001: Odisea del Espacio.

Luego del intermedio escucharemos la segunda sinfonía en Mi menor de Sergei Rachmaninoff (1873 -1943). El genial compositor ruso de los conciertos de piano. Rachmaninoff nos dejó, además de su imperecedera música para piano, canciones, sonatas, obras de cámara y tres sinfonías.

Esta Segunda Sinfonía es ideal para aquellos que inician su camino por la música clásica. No es necesario ser un conocedor para poder apreciar su inigualable belleza y representa la esperanza y la redención, es una prueba de nuestro ascenso desde el fracaso total hasta el triunfo renovado. La sinfonía tiene cuatro movimientos, mi favorito es el Adagio; este ha sido tan influyente que muchos cantantes lo han usado en sus canciones.

En el Adagio, la sinfonía alcanza su clímax emocional, es la mezcla perfecta entre la pasión y la serenidad. La Sinfonía completa es un canto de esperanza eterna y del deseo obsesivo de vivir.

Siéntate, cierra los ojos y deja que la caricia celestial te bañe, melodía tras melodía en un sueño que parece no terminar nunca.

Fuente: Diario Libre

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