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Tres grandes obras y un gran solista para la cita con la Orquesta Sinfónica

 

SANTO DOMINGO. Continúa la Temporada Sinfónica de la Orquesta Sinfónica Nacional este miércoles 19 de septiembre. Repite en el pódium el joven director Residente de la Orquesta, Maestro Santy Rodríguez. El solista será el reconocido trompetista José Sibaja, en un programa con obras de Brahms, Haydn y Beethoven.

La Orquesta abre con la Obertura Trágica, Opus 81 del compositor alemán Johannes Brahms, (1833- 1897). La obra, estrenada en 1881, es seria y sonora y lleva el mismo carácter, pese a su brevedad, de la Primera y Cuarta Sinfonías del compositor. Consistencia intelectual y melancolía romántica fueron los ingredientes del conmovedor estilo de Brahms. Hacia 1870 Brahms era uno de los compositores más respetados de Europa; considerado el “heredero de Beethoven”, afrontó su fama del mismo modo que Beethoven lo hizo con la suya, cultivando un carácter difícil, tanto en público como en su relación con sus amigos. Josep Joachim, el famoso violinista, (el mismo que estreno a los 13 años el Concierto de Violín de Beethoven), introduce a Brahms con Robert y Clara Schumann. Al poco tiempo Schumann enferma y Brahms se convierte en el soporte de Clara, su esposa. A la muerte de Schumann en 1956, Brahms retorna a Hamburgo. Sin embargo, él y Clara permanecen en estrecho contacto y es a Clara a la que Brahms presenta sus obras antes de estrenarlas.

Ella es su musa, maestra, consejera, intérprete. Clara Schumann o Clara Wiek fue una de las grandes concertistas de su tiempo. La relación de Brahms y Clara merece varios artículos.

José Sibaja nos entregará el concierto para trompeta en Mi bemol Mayor para trompeta y orquesta. Sibaja, oriundo de Costa Rica, es aclamado por la crítica como el “nuevo Wynton Marsalis”. Cuenta con un disco como solista, Inner Voice, que demuestra su gran calidad interpretativa e impecable técnica. Sam Pilafian, miembro fundador de la Empire Brass, ex Presidente de la Asociación Internacional de Tuba Bombardino y Profesor de Música en la Universidad Estatal de Arizona afirma: “José Sibaja es un artista de la trompeta en una posición única para ser el trompetista más influyente de nuestro tiempo. Su arte es una mezcla única de influencias estilísticas … Ya sea viajando por el mundo con Boston Brass, en el más alto nivel de la actuación de una orquesta y solista clásica o su ilustre carrera Latina y Jazz, en directo y en los estudios de grabación con las grandes estrellas de nuestro tiempo … ese es José “!

Joseph Haydn (1732- 1809) desde los ocho años formó parte de la escuela del coro de la Catedral de San Esteban de Viena, pero porque no fue un alumno brillante, pasado un buen tiempo le dieron de baja. La necesidad lo llevó a trabajar como criado de un viejo compositor que le pagaba con ropa de segunda mano y lecciones de composición. Durante diez años Haydn sobrevivió, compuso y aprendió su oficio. Su música empezó a ser escuchada en los salones de la aristocracia vienesa y en 1760 un golpe de suerte lo lleva a la corte del príncipe Esterházy, uno de los hombres más ricos de Europa y gran amante de la música. Haydn pasa 30 años, en la corte del Principe Esterházy. La magnificencia de los Esternazy le dio la oportunidad de escribir música de todo tipo y ha pasado a la historia como el “padre de la sinfonía, con el apodo de Papá Haydn.


Para trompeta

El concierto para trompeta que escuchamos esta noche, con José Sibaja como solista, es refinado y elegante. De esta obra dice nuestro trompetista Victor Mitrov: “se considera el mejor concierto instrumental del compositor y está como pieza obligatoria en las audiciones para las grandes orquestas sinfónicas.” Fue solicitado a Haydn por el trompetista Anton Weidinger de la Orquesta de Viena. Haydn entregó el concierto para 1796, único concierto que Papá Hadyn compuso para eseinstrumento. No fue estrenado hasta cuatro años después (todo ese tiempo el solista lo dedicó a su estudio), estrenándolo exitosamente en 1800 en Viena. Curiosamente, la obra no se publicó; desapareció por años hasta que fue redescubierta por un trompetista de la Sinfónica de Chicago a finales del siglo XIX. La primera grabación de este concierto es de alrededor de 1938.

Después del intermedio llegamos a Ludwig Van, el imprescindible Beethoven. Su Sinfonía No. 6, mejor conocida como la Sinfonía Pastoral, evoca en cada uno de sus cinco movimientos la campiña donde Beethoven iba cada verano buscando descanso e inspiración. En esta sinfonía el compositor expresa un romántico amor por la naturaleza. En ocasiones los movimientos lentos gozan de una simplicidad y calma asombrosas, mientras que los scherzos son deliberadamente bruscos, con cambios súbitos, su aparente simplicidad la hacen difícil de interpretar. Los finales son frecuentemente largos y sorprendentemente llenos de humor, que recuerdan a Papa Haydn.

Beethoven no siempre estaba atribulado. En su música, frecuentemente y en la Pastoral especialmente, existe una extraña sensación de reposo, pero nunca puede negar una aceptación de la fatalidad en que vivió.

Esta Sinfonía siempre me recuerda Fantasía, la maravillosa película de dibujos animados de Disney de 1940 y reeditada en 1999, la música dirigida por Leopoldo Stokoswsky, con la Orquesta Filarmónica de Filadelfia.

De mis grabaciones favoritas de la Pastoral, está la de Carlos Kleiber, uno de mis directores favoritos de todos los tiempos, con la Orquesta Estatal de Bavaria en 1983.

Fuente: Diario Libre

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